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María Elisa Iipuana. Tejedora del emprendimiento wayúu

DSC01827Por, Olimpia Palmar Iipuana- Red de comunicación Wayuu Putchimaajana

Es una artesana wayuu, que vive en su territorio ancestral, con su wayuunaiki se mueve entre Venezuela y Colombia, es la sexta 6 generación en heredar el arte del tejido y lidera 4 generaciones de su familia. Emprende un taller para importar productos artesanales wayuu a Europa, China, España, Estados Unidos y otros países latinoamericanos.

Cubre su cabeza con un pañuelo para que los buenos pensamientos no sean contaminados por los wanűlű, así llama a los espíritus malignos, habla poco y despacio como si cada palabra la sacara desde el interior de su ser. María Elisa Iipuana es una tejedora wayuu. Es la guía del Clan Iipuana de la comunidad de Kalemee, una encrucijada que tiene varios caminos que te llevan a diferentes partes, uno hacia Uribía (Guajira – colombiana), a Los Filuos (Guajira- Venezolana), a la profundidad de la Alta Guajira y otro al mar. Geográficamente está dentro del mapa Colombiano pero se mueve con moneda y hora venezolana.
Los wayuu, son el pueblo más numeroso de Venezuela y Colombia, datos estadísticos de ambos países registran alrededor de 1.032.572 indígenas de este pueblo. Organizacionalmente se dividen por clanes que se heredan por el lado de la madre, por lo que en esta sociedad a las mujeres le consagran los mismos derechos de la tierra, que es percibida como la gran madre.
A sus 68 años, María Elisa Iipuana no recuerda cual fuel el primer día de su tejido, pero en su mente es latente las palabras de su abuela y madre, esas mismas palabras que repite a las cientos de mujeres que han llegado a su casa a aprender de su tejido “tejer es lo único que te hará grande y te dará de comer; los chivos se mueren cuando hay sequía ,los maridos se van, la cosecha es sólo una temporada al año, pero sin agua, en verano o invierno, con o sin marido lo único que no te hará falta son tus manos y tu voluntad para tejer”.
La matrona de los Iipuana, entre hilos, colores y agujas su vida ha pasado, sólo habla el Wayuunaiki, idioma materno de los wayuu. Nunca fue al colegio porque estaba ocupada aprendiendo a tejer mochilas, hacer chinchorros y mantas wayuu, quizás por eso, ella no sabe hacer reclamos por sus derechos, tampoco espera por el asistencialismo de ninguno de los 2 gobiernos, sólo emprende tejidos que garantizan su bienestar y le enseña a las mujeres de su pueblo a tejer el bienestar de sus hijos.
A su clan le ofrece 4 generaciones de tejedoras, cada una trabaja en la microempresa de producción de susu, las mochilas tejidas. Sus productos llegan a Europa, España, China, Estados Unidos y a otros países de Latinoamérica con el sello de Taller de Origen Kalemee que administra su hija María Teresa Fernández Iipuana.
Viaja entre Venezuela y Colombia con gran autonomía, tiene las 2 cedulas y se mueve con pesos y bolívares; además de tejer, pastorea chivos, ovejos y vacas, también administra la siembra y la cosecha de su huerto. El arte del tejido la hizo merecedora de un reconocimiento por la Unesco por ser portadora de este patrimonio cultural, así mismo recibió condecoración como mejor artesana y por su amplia trayectoria en el fortalecimiento cultural en el Departamento de la Guajira en Colombia por la Gobernación.
Sobre el hambre y la desnutrición piensa que es un wanűlű producto de la flojera “aquí vivimos con mucho sacrificio por el agua y para comprar comida, los primeros años cuando la gente no querían pagar tu trabajo teníamos que regalar nuestro tejido por cualquier cosa para comprar comida, aquí el que no trabaja no come” en esa época muchas de sus sobrinas y vecinas emigraron a Maracaibo.
Por eso no dejó de tejer ni de transmitir el legado de Waleker, la araña que según cuentan los wayuu fue la primera mujer tejedora. Hoy sus familiares retornaron porque el hambre los siguió a Maracaibo y están aprendiendo a tejer y a hacer chinchorros para sobrevivir a este mal tiempo, que según María Elisa pasará.
El liderazgo de María Elisa Ipuana crece a diario, ella busca consolidar a la mujer como cabeza independiente auto-sostenida del hogar desde su saber propio, es su pensar y accionar, “cuando la mujer teje ocupa su mente, sus manos y su espíritu, es por eso que cada mochila tiene su esencia y su historia, yo quisiera que todas la mujeres tejieran y vendieran bien sus productos” sueña Maria.
Ella emplea a las mujeres, niñas y a los hombres de su comunidad. Sabe que si la mujer teje y vende sus productos en compañía de sus hijos y esposo va a satisfacer sus necesidades básicas y habrá menos niños desnutridos en la Guajira. Todos son miembros de la empresa familiar, no hay edad de iniciación, ni horarios establecidos “cuando comienzas un tejido tienes el deber moral de terminarlo pronto y bonito”.
Sufre un dolor de piernas que le impide moverse en su 3-3 trabajo como lo hacía cuando niña, para su tratamiento médico usa plantas y brebajes que ella misma prepara, a veces sube a Maracaibo a consultar al médico o va a Barranquilla, ella no distingue la frontera “quien puede ponerle fin a la tierra?” se pregunta pícaramente y suelta un sonrisa irónica “la envidia, la flojera es la que le da fin a la tierra y si no tienes nada de eso entonces, no hay límites ”.
Tiene 4 nietas y 2 nietos que viven fuera de la comunidad wayuu. De las 2 mayores, una estudia comunicación social la otra trabajo social. El varón ingeniería en sistemas, las menores aún están en primaria. “Todos quieren estudiar y trabajan con la artesanía para mantener sus estu471 dios, yo las apoyo por que nos hace falta ese conocimiento que ellos buscan de tan lejos” cuenta Maria Elisa
La tejedora del emprendimiento wayuu, asume que no todo está hecho, que falta seguir perpetuando la identidad indígena “las jóvenes ya no quieren ser wayuu, por eso debemos buscar siempre la manera de que ellas sigan siendo y sintiéndose wayuu, y la mejor manera de decírselos es tejiendo” no está cansada y en su mente dibuja el siguiente tejido que va armar.
María Elisa indudablemente es una lideresa wayuu que con sus tejidos ha vencido el hambre, le ganó a la desatención gubernamental y libró una batalla a favor de las mujeres tejedoras trenzando sus kanaas tal como lo sigue haciendo Waleker en cada rincón de la nación wayuu.

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